La idea de este proyecto nace de la necesitad de encontrar un vínculo entre dos universos:
el dibujo y el diseño editorial. 

Decidí rescatar libros abandonados, perdidos en el fondo de las tiendas de venta de libros viejos,  los más deteriorados y olvidados. No existe un interes particular por el texto original sino en las características físicas del objeto, su diseño, los materiales, el tipo de papel, la tipografía y su mancha de tinta, el diseño de las tapas y lomo, pero en especial las marcas del paso del tiempo y su desgaste por el uso o descuido. 

La idea es imposibilitar la lectura del texto, por lo cual se encuentra todo el libro engomado como un solo bloque de papel, pero si conservar la belleza del objeto permitiendo su manipulación y exhibición.

Al crear la ventana, el ojo de buey (œil de bœuf), aparece la posibilidad de ver dentro del objeto sin la necesidad de estar abierto. Un portarretratos. Las propiedades de la resina con que está echa la ventana crean una lente única que distorsiona la imagen que se encuentra del otro lado.  Dibujo directamente sobre la hoja del libro aprovechando la mancha de tinta de la tipografía como forma o contraforma del sujeto retratado. En la manipulación del papel, al mancharlo, razgarlo o lijarlo van apareciendo pequeños palimpsestos que recuerdan la vida pasada del libro. En algunos caso refuerzo el lomo para evitar que se siga desbaratando. Queda intacta la página en la que está la fecha de impresión del libro. El libro está firmado con un exlibris.

Así he creado un contenedor y exhibidor para mis dibujos, y a la vez darle nueva vida a un libro por medio de la intervensión artística.
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